La crisis ya no puede imputarse más a los asiáticos, dicen los expertos, sino a Tío Sam, hoy más pobre que una rata. Por ello se le llama no asiática. Aunque mi hija es pequeña, le explico en esta carta lo que sucede realmente.

DD,
Mientras juegas habrás notado que la TV, el papá y sus amigos opinan mucho de la "crisis económica" global. Dejame explicarte que sucede realmente.
Erase una vez un país llamado Estados Unidos (Tío Sam le dicen), en el cual un día no empiezan a reproducirse los trabajos y la gente deja de consumir y pagar, en contra de las predicciones del doctor Milton Friedman, un economista declarado Santo por el Tío Sam. El
doctor Friedman, le dijo que había que seguir claves mágicas para ser potencia económica global: El Estado debe tener una "mano invisible", debe promover el consumo (en shopping malls) y prestar dinero a bajo costo (crédito bancario).Además, otros consejeros de Tío Sam, le recomendaron mantener subsidios al petróleo (le dicen "oro negro") y comprarlo barato a unos señores de turbantes, seguidores de un tal Mahoma, quien, también creía en el mercado -pero de especias- se supo después. A estos tipos había que venderles armas baratas a cambio para asegurarse el oro negro, necesario para fabricar autos grandes y caros para poder pasear en esas bellas carreteras que muestra las películas de Hollywood.
Ello, a su vez, ayudaría a deshacerse de otros señores: unos que se negaban a entregar oro negro; y otros, más peligrosos, que querían destruir la mano mágica invisible.
Ronald -nada que ver con el Tío Donald-, un representante del Tío Sam, quien fue antes un mal actor de cine, implementó la receta alpie de la letra como un guión de cine.
Posteriormente, Bill y George (padre e hijo), otros señores continuaron el programa, desechando la estrategia de ser austeros y eficientes, camino que seguían unos señores aburridos (Europeos) quienes según Ronald y George reían y gastaban poco, querían descontaminar el planeta y tenían vacaciones demasiado largas. Peor: no les gustaba el béisbol ni las películas de Rambo. George (papá) se quejaba que no había que confiar en los europeos -franceses, escandinavos, etc- pues eran como las sandías: verdes por fuera pero rojos por dentro, como le habían convencido sus compañeros de la CIA, un clu
b amigos que les gusta jugar a la escondida pero nunca ser pillados. A George le fascinaba el oro negro. Por ello inició negocios con señores de turbantes, para acapararlo con el fin de mejorar la calidad de vida de una ciudad llamada Texas, decía. Esta misión fue seguida por su hijo, un joven muy obediente, quien según su papá era mejor que se empleara como presidente, pues había quebrado varias empresas familiares y era hora de independizarse laboralmente.
Siguiendo las enseñanzas del doctor Friedman, George (padre e hijo) exigieron a China, Rusia e India abrir sus gigantes mercados. Entre tanto, George II invadió Irak buscando armas que finalmente nunca encontró. El problema es que los amigos de la CIA de su papá se habían confundido de país cuando jugaban en el PC con earth.google. Ante este panorama, Tío Sam poco hacía pues estaba entretenido haciendo shopping. Como el doctor Friedman había hablado alguna vez de la movilidad de los factores de producción, George I y II incentivaron a que las empresas mudaran sus fábricas a Asia, Latinoamérica y Africa.
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A estos continentes les gustó mucho la idea y se pusieron a trabajar duro y a producir barato. Abrieron sus puertas a empresas extranjeras pero manteniendo el control de la propiedad, algo que el doctor Friedman no había explicado cómo resolver. China, con millones de personas, aumentó su producción y devaluó su moneda. Mientras en casa, George I, Bill y George II solicitaron a sus amigos banqueros que promovieran tarjetas de crédito y préstamos.Así todo se hizo simple: China produce, Tío Sam consume y todos nosotros los financiamos con nuestro trabajo.Además, Tío Sam entre tanto juguete de guerra nuevo decidió tirar toda la basura al patio trasero de su casa (Latinoamerica) para que se viera todo muy ordenado. A su vez, gracias a los consejos del doctor Friedman todos empezaron a visitar bancos para comprarse una o más casas. Luego de algunos años se detectó un gran problema. Nadie explicó que pasaría si uno se endeudaba mucho más arriba del ingreso. Desgraciadamente, George II no sabía nada de ahorro. Además, él no era de mucha ayuda pues tenía la cabeza puesta en otra cosa: buscar a un señor de larga barba -Osama- quien los amigos de la CIA de su papá sabían dónde se esconde pero no quiere pillarlo, para no parar de jugar. Este señor de turbante viene de una familia con mucho oro negro que tuvo una relación de negocios que terminó mal con papá George Bush. Sus familias -antes amigos- hoy no se hablan. Pero Tío Sam -siempre optimista- pidió aumentar los préstamos y los bancos empezaron a frotarse las manos de felicidad. Para prestar más dinero registraban créditos hipotecarios en unos papelitos -bellamente decorados- llamados bonos respaldados por hipotecas. Lo que importaba entonces era no privar a nadie de comprar casa y un auto grande aunque después no se pague (eso es el sueño americano, mi amor). Estos papelitos se empezaron a vender en los mercados financieros a otros bancos, fondos de pensiones, aseguradoras e inversionistas. El inconveniente llegó cuando los precios de las propiedades ya no subían e incluso bajaron. Además, nadie encontraba trabajo. Luego alguien descubrió, y fue expulsado de la Casa Blanca, que existía demasiada relajación en las políticas de préstamo. Este tipo -un mal nacido, decían amigos de Bush- había denunciado a los dueños de bancos por prestar dinero sin pié para comprar casas (el 100% del valor de la propiedad) a personas sin trabajo. Al bajar el valor de las casas, muchos comprobaron que debían más dinero al banco que lo que valía su casa. Así, muchos dejaron de pagar sus hipotecas y abandonaron las casas (Subprime). Entonces, a los propietarios de estas deudas (los dueños de los papelitos) les dio pánico y empezaron a deshacerse callada y rápidamente sin contarle a nadie para que nos los pillara un señor bastante sordo y ciego llamado SEC.Estos papelitos, aunque tenían como garantía las hipotecas, la ley de la oferta y la demanda controlan su valor, siguiendo las mismas enseñanzas del doctor Friedman. Al haber más oferta que demanda, los valores se cayeron en sus precios de 100 dólares a 34. Lo que parecía ilógico era que los papelitos tienen como garantía propiedades que no han desaparecido y que, primero: éstas no han bajado de precio más de un 20%, y luego, solo el 6-7% de los créditos han dejado de pagarse a la fecha. Pero no hubo doctor que pudiera solucionar el problema. Paralelamente, los dueños de estos papelitos, al haberlos comprado a 100 dólares, tuvieron que evaluarlos a precios más bajos lo que provocó que la diferencia de valor se reflejara como una pérdida que necesitaba explicarse en las memorias de las empresas. Así, bancos e inversionistas en un lugar en el cual todos son maníaco-depresivos (Wall Street) se dedicaron a informar pérdidas millonarias y algunos quebraron cuando las acciones cayeron a un pozo profundo. Luego le pidieron a Tío Sam que los salve de la "crisis". Dicen ellos que el doctor Friedman se equivocó. El Estado "debe intervenir en el mercado", gastar toda la plata necesaria a fin de que ellos recuperen sus negocios. Friedman -de origen ruso y por ello sospechoso ahora por sus consejos- estaba mal de la cabeza cuando habló de ahorro fiscal, no intervención y prevención de la inflación, esto último un olor muy fetido que lo contamina todo. Pero en todas partes existe incertidumbre sobre el resultado de la crisis. Lo claro es que los bancos e inversionistas suben el precio de prestar billetitos. Asimismo dejan de confiar en el mercado -es decir, nosotros- aunque nos hemos portado super bien usando tarjetas de crédito, como recomendó el doctor. Para no asumir riesgos tienen una mejor solución: exigirnos más garantías y costos asociados a los préstamos. Eso nos dará disciplina, afirman. Ahora, algunos señores que les gustan sonreir ante las cámaras ("líderes políticos" se les dice) se dieron cuenta que sin crédito, no hay inversión, consumo y trabajo. Salieron a darse apretones de mano ante la TV (dar "confianza al mercado" se le llama). La solución de ellos y su asesor -el Fondo Monetario Internacional-, el mejor amigo de Tío Sam, es nuevamente apoyar a los banqueros para que "nuestros ahorros no desaparezcan". Así, olvidando las enseñanzas del doctor Friedman, se reunieron banqueros y fabricantes de autos para presionar a Tío Sam a través de unos mensajeros que se les paga por estar sentados (Congresistas).Piden que se los salve de la crisis. Esto merece una mayor explicación, mi amor. No es que ellos -banqueros y fabricantes- quieran que Tío Sam les entreguen un préstamo. Prefieren que les compre todos aquellos papelitos que los inversionistas ya no quieren en sus bolsillos. Además, se defienden, luego de algunas preguntas feas de Congresistas, que no pueden deshacerse de sus jet privados pues las reuniones sobre la crisis los obliga a estar en muchas partes. Además, viajar en aviones comerciales es un riesgo pues a señores de turbante les gusta hacer explotar aviones en momentos inoportunos. George, le adviertió a Tío Sam que si no ayuda a la banca y a los fabricantes el Cuco vendrá y se comerá 3 millones de empleos. No obstante, a él se le olvidó -tiene mala memoria- explicar que gracias a sus esfuerzos, muchos empleos se han marchado a México, China, India y Sudamérica. Ante este oscuro panorama, el sol sale en otra parte del mundo. Alrededor del 40% de la deuda de Tío Sam está en los bolsillos de unos señores sonrientes de ojos rasgados -China y Japón-. Ellos tienen hipotecada a su favor la Casa Blanca y la vida de los norteamericanos de tu edad. Como ahora son financistas de Tío Sam, han decidido generosamente prestarle harta plata a cambio de más papelitos que emite el mismo Tío Sam y que acumulan chinos y japoneses. A cambio, él les ha permitido que hagan algo de shopping. Ya se han comprado empresitas de valor estratégico en Estados Unidos.
Para prevenir la crisis Tio Sam sigue prestando dinero a los bancos pero no a las personas. A estas les da unos papelitos para que pueden seguir consumiendo en malls. Ademas, sigue fabricando avioncitos, pistolitas y soldaditos que coloca en lugares donde vive la gente que usa turbante, sin pedirles permiso. Ahora es menos popular que Tribilín en muchas partes del planeta. Ante tanto problema Tío Sam también venderá su auto y dejará su casa (a la cual se mudaran señores de ojos rasgados). Está muy desanimado y su esposa (la clase media) ha decidido abandonarlo después de aguantarlo por mucho tiempo. Ahora dicen que otra persona con mejor color lo va a reemplazar. 
Pero lo más grave es que a Tío Sam se le olvidó todo lo que aprendió del doctor Friedman, sobre quien no quiere escuchar hablar ni una sola palabra.
Esta historia continuará...
facil de entender
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